El prestigioso rotativo deportivo francés recogía en su versión online un amplio reportaje sobre el ascenso del Club y su historia de proximidad con la comunidad gala en Madrid. El periodista Malo Comor recoge declaraciones de jugadores como Mateo, Bardón o Loukemy; y directivos, como Jeremy Santos. La información se completa con fotografías de José Edo.
Poco presupuesto, grandes logros: el increíble ascenso del club de rugby del Liceo Francés de Madrid
El Liceo Francés, histórico club de rugby del Liceo Francés de Madrid, regresa a la Primera División española tras dieciocho años de ausencia. A pesar de contar con un presupuesto equivalente al de un club de Tercera División, se apoya en una formación sólida y un espíritu de familia capaz de obrar auténticos milagros.
El Club de Rugby Liceo Francés de Madrid ha escrito quizá una de las historias más bonitas del deporte español: un regreso a la Primera División dieciocho años después de haberla abandonado, impulsado por jóvenes franceses y españoles, antiguos alumnos del Liceo Francés y un entrenador que también se formó en los patios del colegio. Pequeño presupuesto, grandes hazañas: el Liceo no inventa nada. Perpetúa una vieja idea del rugby, la de los amigos y la familia, por encima de los contratos.
Era el 25 de mayo de 2025, día de la final de la Segunda División española, en el recinto del Liceo Francés de Madrid. Miles de personas se habían reunido a pesar de las modestas instalaciones: alumnos, padres, profesores e incluso antiguos alumnos venidos expresamente desde Francia. «Nunca habíamos visto a tanta gente», confiesa Mateo Carrière, ala del Liceo Francés. «Ganamos en la última jugada tras trece fases de juego. Fue una locura total, nunca he vivido algo así en mi vida, creo que nadie se lo ha creído aún, incluso unos meses después».
Tras dieciocho años de ausencia, el Club de Rugby Liceo Francés hacía su gran regreso a la Primera División española, equivalente a la Nationale y la Nationale 2 en Francia. Aquel día, los rostros reflejaban algo más que una victoria: los de una generación de antiguos alumnos del Liceo Francés de Madrid que volvían a ser los héroes de su patio de recreo.
Entre ellos: Santiago Ceballos García, de 19 años, estudiante de ingeniería mecánica; su hermano Borja, de 22 años, estudiante de psicología; Pedro Bardón Pedrola, de 23 años, corredor de bolsa; Carlos Destre Fernández-Golfín, de 22 años, estudiante de ingeniería industrial; o Mateo Carrière, de 20 años, estudiante de la KEDGE Business School de Burdeos. Todos ellos crecieron en el campo del instituto, ese terreno que sigue siendo hoy en día el corazón del club.
Un club que sigue viviendo al ritmo del instituto
Fundado en 1968 por profesores de educación física del instituto, el Liceo Francés se ha consolidado a lo largo de las décadas como una figura clave del rugby español. En la década de 1990 vivió sus momentos de gloria, con varios podios en la División de Honor y dos Copas de la Reina ganadas por su equipo femenino. A pesar de estos títulos, las infraestructuras nunca han evolucionado realmente: un campo escolar, sin sala de musculación, material limitado y prohibición de vender alcohol en el bar. El club sigue viviendo al ritmo del instituto.
El Liceo Francés es, ante todo, una cantera de rugby, la más importante de España en la actualidad. Cuenta con 570 federados y 22 equipos, respaldados por la presencia de los alumnos del Liceo Francés de Madrid, el más grande de Europa con 4.360 alumnos. «Cuando era pequeño y aún estudiaba en el instituto, había un verdadero vínculo entre los jóvenes y el primer equipo», cuenta Pedro Bardón, antiguo alumno y actualmente jugador. «Los entrenadores de las categorías juveniles solían ser antiguos jugadores o jugadores en activo. Cuando tu entrenador te dice «jugamos el sábado en el instituto», todos los pequeños vienen a ver el partido».
Esta cercanía entre generaciones ha forjado una identidad sólida, a la vez francesa y española. Muchos alumnos del instituto se unen de forma natural al club, atraídos por ese espíritu de camaradería y sencillez. Una filosofía que se extiende mucho más allá de los antiguos alumnos del instituto. «Este ambiente atrae a los jóvenes: algunos viven a cuarenta y cinco minutos del club y, a pesar de la distancia, vienen a entrenar porque saben que serán bien recibidos», continúa Pedro.
Un presupuesto equivalente al de un club de Tercera División Con un presupuesto limitado —«equivalente al de un club de Tercera División», estima Jérémy Santos, responsable de fichajes—, el club no puede competir en el plano económico. Por eso, ha optado por otro camino: apostar por la formación. El año pasado, 17 de los 24 jugadores inscritos en la alineación de la final procedían de la cantera.
Desde hace varios años, el club está dirigido por Fernando Díez, ex internacional español que participó en el Mundial de 1999 y considerado como uno de los mejores entrenadores de España. Él mismo antiguo alumno del instituto, ha aportado coherencia y ambición al equipo.
«Desde hace dos o tres años, hemos tenido excelentes promociones de menores de 18 años, que han llegado a la final o a las semifinales del Campeonato de España. Hemos confiado en ellos desde muy pronto. Este año también, dos o tres jugadores menores de 18 años se han incorporado al primer equipo y han participado en partidos. Algunos nos dicen que es una locura, sobre todo a nivel físico, pero estos jóvenes se esfuerzan al máximo. Dos años más tarde, a los 20 años, alcanzan cierta madurez y eso ha contribuido a nuestros excelentes resultados», explica Jérémy Santos.
Este ascenso a Primera División no estaba previsto. «Llevábamos dos años intuyendo que había potencial, pero todo el mundo sabía que, económicamente, sería complicado», cuenta Mateo Carrière. «La víspera de la final, todavía nos preguntábamos: aunque ganemos, ¿subiremos?».
Tras esta hazaña, el club llama la atención y los ojeadores se fijan en los jugadores. ¿Cómo hacer frente a clubes que cuentan con grandes infraestructuras y pagan sueldos? «No voy a mentir», confiesa Carrière. «Dudé en irme a otro sitio, a un club más grande, pero este es mi club. Aquí nos quedamos porque hay algo diferente. »
A falta de medios, el club apuesta por su cantera, pero también por ese espíritu especial que hace que uno quiera venir —y quedarse— aquí más que en cualquier otro sitio. «Al principio, se suponía que iba a fichar por el Cisneros, el club rival. Pero el ambiente allí era un poco frío, así que quise probar en el Liceo Francés. Desde el primer día, no me salía de la boca la acogida: enseguida me encontré haciendo una barbacoa argentina con franceses, españoles y argentinos. Los jugadores me presentaban a sus familias, me invitaban a sus casas aunque no los conocía, y me dije: “Vale, aquí voy a ser feliz”», cuenta Loukemy Billard, que acabó fichando por el Liceo Francés.
Algunos jugadores que se marchan a probar suerte a otros lugares siempre acaban volviendo, un poco como los hijos que regresan a casa tras años de exilio. A lo largo de su historia, el club ha formado a numerosos jugadores internacionales españoles. En la actualidad, dos jugadores del equipo forman parte de la selección nacional, entre ellos Lucas Santamaría, un canterano del club que ha regresado este año tras haber jugado en la tercera división francesa (la Nationale). «He vuelto a España para prepararme lo mejor posible para la próxima Copa del Mundo de 2027 con España. Me ofrecieron varios clubes, pero no podía ir a otro sitio que no fuera el Liceo Francés. Es mi club de siempre y para siempre», confiesa.
Tras cinco jornadas en el Campeonato de Primera División, conocido como «División de Honor», el primer equipo ocupa el séptimo puesto de once equipos, con dos victorias y tres derrotas, una de ellas por un estrecho margen contra El Salvador, el actual campeón (28-32). Los pequeños siguen impresionando.





